Una visita, del timbre a la calle
1. Un par de mensajes
Escríbenos por WhatsApp con el programa, la hora y su nombre, si alguna chica del equipo ya te ha llamado la atención. En pocos minutos te confirmamos que está libre y lo que cuesta. Y ya está: no te pedimos tu nombre, ni señal, ni nada más. Pregunta antes todo lo que quieras y reserva después, o no reserves.
2. La puerta
C/ de Muntaner, 118: un portal de viviendas igual que los de al lado y un timbre que pone Entresuelo 1. Llamas y te abren sin decir nada por el interfono.
Subes un tramo corto de escalera y nuestra puerta, sin ningún nombre, se abre en cuanto llegas. Dentro, luz tenue y un ambiente cálido; te acompañan a tu sala privada sin que veas a nadie más que a quien te ha abierto. Entre la acera y la puerta cerrada a tu espalda pasa más o menos un minuto.
3. La eliges
Si la reservaste por su nombre, viene ella a tu sala. Si no, las chicas de turno se asoman una a una, unos segundos y un hola, y tú eliges. A ninguna le sienta mal que no la elijas: aquí es lo más normal. Y si al conocerla te apetece cambiar de programa, dilo en ese momento.
4. La ducha
Tu sala tiene baño propio. Desvístete con calma, que tienes una percha y un estante para tus cosas, y date una ducha; las toallas limpias ya te esperan.
Ella te deja a solas y vuelve cuando estás listo. Tómate el tiempo que necesites: quien viene directo del aeropuerto tarda un poco más, y la sesión no se acorta por eso.
5. La sesión
Antes de tocarte te cuenta qué incluye tu programa, te pregunta si hay algo que deba saber, te explica en una frase qué puedes hacer con las manos y acordáis una palabra para decir «más despacio» o «para». Después baja todavía más la luz y empieza.
A partir de aquí, déjate llevar por el programa que has reservado, minuto a minuto: su ritmo, sus manos, su cuerpo si el programa lo incluye, y el final cuando ella decida que ha llegado el momento. Si quieres cambiar algo, basta con una palabra.
6. Después
Todo acaba en calma. Luego te deja la sala para ti solo: vuelve a ducharte si quieres, sécate el pelo, bebe un poco de agua, quédate sentado un rato.
Nadie te llama a la puerta. Si aún no has pagado, es el momento, en efectivo o con tarjeta; no hay nada que firmar ni formularios que rellenar. Y si te apetece dejarnos una reseña, estamos en Google.
7. La salida
Vístete a tu ritmo; luego te acompañan por el pasillo y bajas el único tramo de escalera hasta la calle. No te cruzas con ningún otro cliente, porque las sesiones se espacian para que las llegadas y las salidas nunca coincidan. Fuera, no eres más que un hombre que sale de un edificio de viviendas, con el resto del día por delante.

Lo que ella te pide y lo que puedes pedirle tú
Lo ponemos por escrito porque, sabiéndolo, te relajas del todo.
Antes de empezar, te dice qué puedes hacer con las manos durante la sesión. Depende del programa y de la masajista, y te lo dice en voz alta para que no tengas que adivinar nada. Te pregunta qué debe evitar (un hombro, una preferencia, lo que sea) y si tienes alguna duda. Y lo pregunta de verdad.
Durante la sesión, basta una palabra para cambiar lo que sea: más despacio, más suave, más. Con la palabra que acordasteis al principio se hace una pausa o se termina, sin preguntas, y ella también puede usarla. Nada de fotos ni de grabaciones, nunca. Si un cliente llega borracho, le pedimos que vuelva otro día, porque ella quiere que el hombre que tiene en su tatami esté ahí con ella al cien por cien.
Por eso la sesión es suya para darla y tuya para disfrutarla: todos los que estáis en la sala sabéis cómo va a ser, porque se ha dicho en voz alta.

Limpieza en cada sesión
Cada sala tiene su propia ducha, y la usáis los dos, antes y después. Sábanas y toallas se cambian para cada cliente, sin excepción, y la sala se limpia y se ventila entre una reserva y otra; por eso las sesiones se espacian en lugar de encadenarse. El aceite sale de un bote limpio, nunca de un tarro compartido; el gel nuru es nuevo en cada sesión y no se reutiliza jamás; y cuando un programa lleva guantes, son de nitrilo, de un solo uso, y se los pone delante de ti.
Ella se lava las manos antes y después. Si tienes alguna alergia, por ejemplo a los frutos secos o a los perfumes, avísanos al reservar y lo tendremos en cuenta. Así trabajamos todos los días, y puedes preguntarnos por cualquiera de estos pasos.

Preguntas
¿Puedo ir sin cita?
Sí, aunque no podemos garantizarte una masajista libre, así que te recomendamos reservar al menos 60 min antes de llegar. Las salas se organizan para que los clientes nunca coincidan, y si vienes sin reserva puede que te toque esperar.
Voy con retraso, ¿qué hago?
Avísanos por WhatsApp. Un cuarto de hora de retraso no cambia nada; si es más, puede que haya que acortar la sesión o cambiarla de hora, porque su siguiente reserva no se mueve.
¿Hace falta saber español?
Para nada. Casi todas las masajistas hablan inglés y dos hablan ruso; cada perfil indica sus idiomas. Puedes reservar por WhatsApp en inglés.
¿Puedo verla antes de decidirme?
Sí. Si no has elegido en la web, las chicas de turno se asoman un momento y tú eliges. Si al conocerla cambias de idea, no pasa nada; díselo a quien te ha recibido.
¿Hay una edad mínima?
Tener 18 años o más. Si hay cualquier duda, te pedimos un documento de identidad antes de empezar la sesión.
¿Puedo tomarme una copa antes?
Una copa no es problema, y algunos programas incluyen cava o champán. Si llegas borracho, ella te pedirá que vuelvas otro día.
¿Puedo venir con un amigo o con mi pareja?
Un amigo no puede esperarte dentro, porque las visitas se organizan para que los clientes nunca se crucen. Tu pareja, en cambio, sí puede compartir la sesión con una reserva para parejas hecha con antelación: en la página de parejas te explicamos cómo.
¿Puedo elegir la música, la luz y el aceite?
Sí. La luz se puede bajar, la música se cambia o se quita y siempre hay aceite sin perfume. Basta con que se lo digas al empezar.
Escríbenos primero, pregunta lo que quieras y reserva cuando lo veas claro.

