Primero la conversación, después la reserva
Solo hay una cosa que anticipa si una sesión en pareja va a salir bien: que los dos la quisierais. No que uno la tolerase, ni que la aceptase como regalo, ni que dijera que sí porque al otro le hacía ilusión. Que la quisiera. Todo lo demás se puede organizar; eso no.
Antes de elegir centro, saca el tema de forma que quede margen para un no. Si eres tú quien le ha estado dando vueltas, dilo con sencillez y luego calla.
Para empezar basta con algo así: «Hace tiempo que esto me da curiosidad, y me pregunto si a ti también». Lo que venga después debe ser la reacción de tu pareja, no tus argumentos. Si duda, deja que dude: puede que lo tenga claro tras una semana pensándolo, o puede que no, y cualquiera de las dos cosas es mejor que una sesión que uno de los dos no quería.
Hay cosas que ayudan. Leer algo juntos (esta guía, o nuestra página sobre cómo son las sesiones en pareja), para que el tema esté en la pantalla y no flotando en el aire. Dejar claro qué propones y qué no, porque «masaje erótico» significa cosas distintas para cada persona, y quizá tu pareja se imagine algo muy diferente de lo que tú tienes en la cabeza. Y poneros de acuerdo en la idea antes que en los detalles: primero el «¿te apetecería?», luego el «¿qué programa?».
Y hay cosas que no ayudan: plantearlo como la solución a algo, porque así cargas una relación entera sobre una sola sesión; presentarlo ya investigado y medio reservado; y cualquier intento de convencer.
Decidir juntos qué queréis
Cuando a los dos os guste la idea, toca tomar decisiones prácticas. Son cinco.
Misma sala o no. Aquí, una sesión en pareja es una sala privada, un tatami amplio para los dos, uno al lado del otro, y una única sesión que compartís viéndoos todo el rato. Para algunas parejas, eso es precisamente lo que buscan; otras prefieren reservar dos sesiones individuales a la misma hora, en salas separadas, y contárselo después. Las dos opciones están bien, pero solo la primera es una sesión en pareja, así que sed sinceros sobre cuál queréis.
Una masajista o dos. Elijáis lo que elijáis, la sesión tiene las mismas dos partes: un masaje lento de cuerpo entero y, después, una parte tántrica compartida, con final lingam y yoni para cada uno. Lo que elegís es quién os la da: una masajista para los dos, dos masajistas, o un masajista y una masajista, que hay que pedir con un día de antelación. Los precios están en la página del masaje erótico para parejas.
Quién elige a las masajistas. Mirad los perfiles juntos y que los dos tengáis voz y voto. Todas las masajistas del equipo son mujeres; si queréis un hombre y una mujer, es la opción de dos masajistas con un día de antelación. En nuestra página sobre el masaje erótico para mujeres se explica lo que ella puede decidir de antemano sobre su parte de la sesión.
Qué incluye cada sesión. Es la conversación que más se saltan las parejas y la que más necesitan. Las páginas de los programas describen en qué consiste cada sesión, fase final incluida.
Habladlo antes: hasta dónde está cómodo cada uno con lo que recibe el otro, y con que el otro lo vea. Así nada os pillará por sorpresa en la sala.
Dónde. En nuestro centro, sobre el tatami pensado para dos, sin nada improvisado. Si preferís vuestro hotel, consultadnos por WhatsApp antes de organizaros contando con ello.
Lo que hace que salga bien
Los dos lo queríais. Ya lo hemos dicho, pero vale la pena repetirlo.
Hablasteis antes de los detalles. Las parejas que llegan habiendo hablado de qué incluye cada sesión y de lo que cada uno lleva bien ver son las que antes se relajan. Las que solo han quedado en que «será divertido» se pasan los primeros veinte minutos negociando con la mirada.
Os guardasteis tiempo para después. La sesión dura sesenta minutos; no planeéis nada justo después. Dos personas tardan más en serenarse que una, y el rato juntos de después nunca debería ser lo que se recorta.
Lo hablasteis de vuelta a casa. No para poneros nota, sino para contaros lo que notasteis. Lo que la sesión despierte merece una conversación sin prisas.

Lo que hace que salga mal
Uno de los dos lo hacía por el otro. Aunque el otro nunca se lo pidiera. Se nota en cuestión de minutos, uno relajado y el otro tenso, y no hay masajista que lo arregle.
Celos de los que nadie habló. Ver a tu pareja recibir este tipo de atención no deja indiferente a todo el mundo, y es completamente normal sentirlo. El error no es sentirlo, sino callárselo antes. Si alguno de los dos sospecha que le costaría mirar, es un buen motivo para reservar sesiones individuales en días distintos, y no hay nada de qué avergonzarse.
Convertirlo en un espectáculo. En una sesión en pareja reciben los dos; no se trata de que uno reciba mientras el otro mira desde una silla. Los centros que ofrecen eso ofrecen otra cosa.
Querer dirigir la sesión del otro. Cada uno pone las condiciones de su propia parte. Sugerir a mitad de sesión lo que debería recibir tu pareja, o pedirle a su masajista algo que tu pareja no ha pedido, es la forma más rápida de que la sesión se acabe para todos.
Compararse después. En plan competición, se entiende. «El mío fue mejor» es una broma que sienta mal. Lo que funciona es contaros qué notasteis, qué os sorprendió y si repetiríais.
La conversación de después
Dejad pasar un día. La noche de la sesión es para la calma, y la mañana siguiente, para hablar; merece la pena hacerlo. ¿Qué disfrutó cada uno?
¿Qué os sorprendió? ¿Hubo algún momento en que alguno quisiera parar, y por qué? ¿Lo repetiríais, y del mismo modo? Las parejas que tienen esta conversación suelen volver; las que se la saltan suelen archivarlo como algo que pasó una vez.
Conviene tener presentes dos cosas. La sesión no es un veredicto sobre vuestra relación, ni para bien ni para mal: que salga bien no significa que tuvierais un problema, y que resulte algo incómoda no significa que ahora lo tengáis. Y no hace falta repetir en casa nada de lo que pasó en la sala para que haya merecido la pena: lo que se lleva la mayoría de las parejas no es una técnica, sino el recuerdo de haber visto al otro dejarse llevar.
Si los dos decís que sí: lo práctico
Reservad con unas horas de antelación como mínimo, y mejor con un día, para que queden libres a la vez dos masajistas adecuadas y la sala grande. Decidle al centro que es una sesión en pareja, con los dos programas elegidos y las preferencias de masajista de cada uno. Llegad juntos.
Comed ligero y bebed poco antes de venir. No hace falta traer nada: la sala tiene ducha y toallas para dos. Pagad lo que se os confirmó, que en la mayoría de los centros equivale a dos programas; la propina es opcional y, si la dejáis, va aparte para cada masajista.
Si alguno quiere leer más antes, nuestra guía para la primera vez cuenta la visita individual desde el punto de vista de quien se estrena, y la guía de normas y límites explica qué se espera de un cliente y qué se le debe; siendo dos, todo cuenta el doble. En nuestra página de masaje erótico para parejas se describe con detalle cómo funciona en nuestro centro, y en la carta tenéis los programas. Para cualquier duda que no resuelvan las páginas, escribidnos por WhatsApp, juntos o por separado. El primer mensaje de una pareja es muy a menudo «llevamos meses hablando de esto», y es una manera preciosa de empezar.

Puedes empezar tu mensaje con un simple «es mi primera vez».

